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Lee “Lumbre en los aparejos” en la Columna LA FERIA

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LA FERIA / Sr. López

Lumbre en los aparejos

Tía Concepción fue monja (de la familia materno-toluqueña, obvio). Era grandota, olía raro -a rancio con talco-, con cara de arriero y bigotes; a los niños nos daba miedo. Fue Superiora General de una Orden de Adoradoras de no sé qué víscera sagrada, vivió una pila de años en Roma, decían que el Papa de la época la “consultaba” (sí, seguro), y eso impresionaba mucho a los mochos del pueblo. A la muerte intestada de otra tía, hizo una de sus raras apariciones para pedir para su Orden los abundantes bienes de la difunta; el abuelo Armando, que jamás habló a lo tonto, la atajó sin alzar la voz: -“Concha, ten vergüenza…” –y la gorda de negro se fue. Ya grande este menda se enteró de cosas que da pudor decir, pero la Concha había desvalijado familias, dejado viudas en el hambre y reclutado a hijas de ricos, que “donaban” sus caudales, de las que no pocas regresaron años después a Toluca, raras de carácter, a vivir de arrimadas y contando cosas feas en voz bajita.

 Viene todo esto a cuento por el editorial de la revista “Desde la fe. Semanario católico de información y formación” (vocero oficial de la Arquidiócesis Primada de México, a cargo desde diciembre pasado, del cardenal Carlos Aguiar Retes, en sustitución del encanto de persona, ese, el Beto Rivera, destacado protector del inolvidable Marcial Maciel… y otros, tantos, que tiene abierto un expediente de la Corte Superior de California, por el delito de “conspiración a la pederastia”).

Supone uno que el cambio de jefe en la Arquidiócesis debería reflejarse en su vocera revista, que en tiempos del gran Beto, metió más de cuatro patas… pero, no, parece que seguirá la mata dando.

Este domingo, su editorial lleva por título “Hartazgo electoral”, incurriendo de nueva cuenta en la violación de la ley a que las iglesias están sujetas, también la romana: no deben entrometerse en la política del país. Pero, no, ellos se saben impunes… y lo son.

Le transcribo solo algunas perlas tomadas directamente del pío editorial: para abrir boca, dicen que las campañas de los precandidatos fueron una “difusión de odios y no de propuestas de gobierno (…) se ha atiborrado de dimes y diretes a los votantes, mediante una verdadera simulación electoral que defrauda el propósito de campañas cortas y ‘baratas’ (…) el INE es una autoridad desdentada y débil (…) irracional dispendio de recursos (…) la clase política se aleja cada vez más de nuestras sufrientes realidades (…) las campañas políticas (son) sólo un morboso ejercicio de pérdida de recursos”.

Buena falta hace que alguien le pare el alto a ese ramillete de Conchas, estratégicamente repartido por el territorio nacional, que desde hace 500 años no tienen medio honesto de vida, porque las limosnas del pueblo no son para que paseen por este valle de lágrimas en carro de lujo.

Me anticipo a aclarar -como siempre que sale este enojoso tema- que no se refiere este junta palabras a los curas de misa y olla, en su mayoría pobretones de barrio o pueblo rabón, ignorantes como tapias pero muchos, bien intencionados y hasta cándidos, casi ninguno podrido (a menos que usted sea un purista que considere que ya ni la amuelan por tener -más de cuatro-, algún hijo que presentan como sobrino); sino que se refiere a obispos, arzobispos, cardenales, nuncios y zarandajas varias, entre los que la rectitud es lastimosamente, rareza.

La cosa es con la jerarquía, esa gavilla de exquisitos que siempre se ha puesto del lado equivocado de la historia nacional; la organizadora de “Te Deums” y misas de acción de gracias para dictadores, golpistas, emperadores y bellacos de toda calaña, (pecados del tiempo los llaman); ésa que durante buenos años escondió la encíclica “Rerum Novarum” a petición de hacendados y porfiristas, porque la peonada iba a creer que tenía derechos; la que se hace la ofendida por el baño de sangre de la Guerra Cristera que empezaron y terminaron ellos cuando resultó tan mal negocio, dejando colgados a los que embarcaron en esa aventura; los mismos que presentan como heroica la canallada del EZLN, en la que los muertos y el sufrimiento los pusieron sus víctimas de siempre, los que menos se lo merecen. Sepulcros blanqueados les dijo Alguien.

Ahora, casi desmontado el estado laico, recuperan su descarada influencia en la cosa pública, que a fin de cuentas traducen en privilegios, justificándose si hace falta en la “Doctrina Social de la Iglesia” (“… orientar a los fieles en aquellos planteamientos políticos que por sus implicaciones religiosas, morales y sociales, contradicen las enseñanzas de la iglesia católica…”; No. 426 de su Compendio); o alegando sus derechos como mexicanos que son, para entrarle a la grilla: muy bien, si son mexicanos, que empiecen por pagar impuestos, por ejemplo.

A ver qué pensaría usted si los rabinos emitieran la orden a los integrantes de la comunidad judía en México, de que no votaran por políticos que se opongan a declarar ilegal el consumo de carne de cerdo. Imagínese el escándalo.

Y, señores de cucurucho: no borran con sus guangas peticiones de perdón, su larga trayectoria como encubridores de pederastas (ni sus leyes de ellos respetan, porque como se podrá imaginar, el Derecho Canónico no aprueba violar niños), porque ni ustedes acá, ni sus patrones de allá en Roma, lo dicen sinceramente. Y tan son lágrimas de cocodrilo, que es la hora que no se habla ni se pone remedio a lo de las monjas que violan los curas, y en México nadie menciona que el exnuncio Papal, el tal Girolamo Prigione, confeso vocero de los Arellano Félix -narcos de la más alta importancia-, sometía a un trato de esclavitud sexual a la religiosa Alma Zamora, a ciencia y paciencia de Roma, ahí en la casa en que se hospedaba Juan Pablo II cuando venía a México (¡chin!, otro que lo engañó). Y no crean que se nos olvida el obispo Onésimo Cepeda quien declaraba, muy fino él: -“La ley me la pela”.

No extraña el silencio del gobierno federal, porque votos son votos y traen la lumbre en los aparejos.

Este domingo, su editorial lleva por título “Hartazgo electoral”, incurriendo de nueva cuenta en la violación de la ley a que las iglesias están sujetas, también la romana: no deben entrometerse en la política del país. Pero, no, ellos se saben impunes… y lo son

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