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Lee “La verde frivolidad” en la Columna Código Nucú

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Código Nucú / César Trujillo

La verde frivolidad

El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) desborda frivolidad, al grado de dejar en la orfandad a sus mismos representantes. En Chiapas, por ejemplo, varios son los que han sido tocados ya por el desprecio del tucán que los relega y los deja fuera de los reflectores, y de las competencias electorales venideras (cosa que les duele en serio).

Los marcan, pues, como se marcaba a los despreciados en el reino del conquistador Gengis Kan. La comparación es extrema, lo sé: a aquellos los botaban por romper las reglas de reino y les ponían un fierro hirviendo en la palma de la mano, y sobrevivían, algunos, no todos; a estos, en cambio, los botan (con el látigo de su desprecio) porque no se trata de ver a los mejores cuadros. Importan los más serviles, los del círculo privado, los de la cofradía pues. Sí, también los que se van sobreviven pese al desprecio, aunque deben mudar de piel y, en ocasiones, terminan siendo los tiranos que tanto criticaron.

Dos casos recientes, hijos de la frivolidad del Verde y sus señores implacables, son los de dos diputados federales de la presente legislatura. El primero es el legislador Diego Valera, quien ahora permanece refugiado en las filas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y mantiene las manos en alto queriendo ser quien encabece la candidatura de la coalición Por Chiapas al Frente.

Valera no es por todos los del sol azteca bien visto, eso queda claro, pero ha sabido surfear las aguas y se mantiene ahí, con el respaldo de algunos perredistas desde el plano nacional. Su salida fue auspiciada por el mutismo del PVEM, sus berrinches también (lo he dicho con antelación), pero sobre todo por la futilidad con que fue tratada su persona y su cargo. Lo relegaron y le mostraron que no era bien recibido en esa casa erigida desde el fraude; le advirtieron, con los desplantes, que no había otro espacio qué ocupar y partió. Y al tucán, cabe señalar, no le ha importado esa baja.

El segundo legislador se ha mantenido entre el verde y la nostalgia. Lo conozco poco, pero siempre ha sido institucional y se ha aguantado los desplantes y la espalda que “su partido” le ha plantado en la cara. Se trata de Emilio Salazar.  Quien ayer parece haber recibido esa gota que les derrama el vaso (y el bazo) a muchos. Su post llevaba dirección y parecía, como señaló el periodista Rodrigo Ramón Aquino en uno de sus tuit, una despedida que podría ser para cambiar de piel o para simplemente abandonar el barco y ver qué le depara la vía libre o las nuevas oportunidades, en caso de que otros colores le guiñen el ojo.

Salazar preguntó, en su último post, si en política, “los cambios de partido se perciben muchas veces como deslealtad, pero ¿quién traiciona? ¿El partido que se aleja de sus postulados a través de sus acciones, a través de la elección de quienes lo integran y a quienes les permite todo. O por el contrario, quien no contento con esto, decide tomar otro camino?” (sic). La publicación sigue hasta donde abre un espacio para que aquellos que quieran opinar lo hagan y culmina con el tan ironizado #ChiapasChiapasChiapas, que ha usado desde hace bastante rato.

Ahora. Si bien, a Emilio Salazar como a Diego Valera se les puede acusar de no haber “combatido la desigualdad, la inequidad, la impunidad y todo acto que ofenda” (palabras del mismo diputado de la Cuna de líderes), no se equivocan en la lectura que tienen de su partido. La traición está ahí: viva y latente. Es la espada de Damocles cayendo sin preocuparse (u ocuparse) en lo que estas bajas signifiquen, mostrando ese vano actuar que caracteriza a los verdes.

Desde la cabeza, con Manuel Velasco Coello que vive inmerso en una burbuja y que la importa poco que Chiapas se desmorone, hasta los sueños del pasado que enarbola el diputado local Eduardo Ramírez Aguilar que quiere, a fuerzas, ser quien abandere la candidatura a la gubernatura rumbo a la sucesión gubernamental, sólo se percibe un derroche de cinismo y superficialidad. Y nada más, como dice la canción.

Es indudable que el PVEM no es un partido de lealtades sino de conveniencias. Si lo fuera, la alianza con el PRI en Chiapas fuese tiro cantado y no se estuvieran que estar dando estos jaloneos y estas suposiciones que emiten desde el mismo Palacio. El problema es que algunos fingen ceguera porque así les conviene. Otros se hacen los sordos porque las alas del tucán aún alcanzas a cubrirlos. Pero hay otros que han sido abandonados, dejados en el desamparo y saben que su futuro político en el verde se acabó. Y ahora alistan el viaje.

Diego se fue y punto. Ahora, Emilio parece esperar que un cambio de actitud en sus compañeros tucanes llegue. Honestamente, dudo que eso pase. Guste o no, Salazar es estratégico para moverse y astuto para actuar. Ya sabrá hacia dónde aventar su catapulta y caer suavecito o duro, todo depende del color o el sendero que lo acuerpe. Tiempo al tiempo.

Manjar

Para decir mentiras, también existen niveles. Que el dirigente en Chiapas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Julián Nazar, diga que hay varios aspirantes a la gubernatura en el tricolor y que el mejor posicionado entre “todos” es el senador Roberto Albores Gleason, cuando sabemos perfectamente que es única carta tirada como imposición desde hace rato por la nacional y que eso ha generado un malestar marcado, es un atentado a la inteligencia de muchos de nosotros. Los chistes que se cuentan solos pierden sentido, profesor. #CámaraNoMeAgüito // La recomendación de hoy es el libro Atlántica y el rústico de María Baranda y el disco Eddie Vedder sings The Beatles de Eddie Vedder. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

Contacto directo al 961-167-8136

Twitter: @C_T1

Mail: palabrasdeotro@gmail.com

César Trujillo

Poeta y periodista

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